Miércoles 25 de marzo de 2009
Sin rumbo fijo.
Camina al atardecer de sus días. Callejea sorteando sombras. Mira alrededor y ve algún dios colgado de las ramas de un árbol, al que siente ganas de tomar para llorar sobre él, o para reír y hablarle de su levedad. Presiente algún alma que evita palabras caídas desde un balcón. Vaga por caminos tantas veces transitados. Franquea una puerta y escucha el sonido del agua.
Así va por su vida: sin rumbo fijo.
¡Ay los Narcisos!
Hace 1 día
2 comentarios:
bonito texto.
Creemos llevar una dirección? Quizás. Vagamos a la deriva. Llorándonos.
Besos leves.
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