lunes, 30 de marzo de 2009

Slumdog millionaire


Fui porque es británica, ya que desconfío de lo norteamericano, aunque tenga oscars. Empieza la película con notable porque esos niños son como para comérselos, qué guapos los indios, y porque parece que los colores y la miseria alegre de Bombay nos van a acompañar; esa pobreza vivida con sonrisa que se reflejaba en “La ciudad de alegría” (un best seller de cuando yo leía novelones). Solo parece porque antes de la mitad del filme, se convierte en otra cosa.
Empezaré por lo bueno: el triple momento en la vida del protagonista, que hace un contínuo flashback sin perder el hilo de la narración. La pregunta final del concurso que es como un guiño, de los que sí hace la vida en ocasiones. Y poco más.
A medida que avanzaba me extrañaba el tenebrismo de la fotografía y lo mucho que se parecía a las de la factoría Hollywood de los últimos tiempos: por los tópicos, por los sustos que nos pega la música y el guión, por lo simplista a veces y porque, en fin, una cree en el azar, en la suerte, el los hados, en el tentum fatum pero tanto tanto como para aceptar que se puedan averiguar todas las preguntas de un concurso por hechos fortuitos, pues no. Enumeraré los tópicos madeinusa:
- Los buenos son buenísimos y los malos, malísimos.
- El peor malo, el ganster del barrio, es musulmán.
- Las cuestiones de sexo son casi peor que el asesinato.
- El amor lo puede todo, incluso encontrar a la chica de tus sueños en una ciudad de dieciocho millones de personas y reconocerla después de diez años sin verla, adolescencia por medio incluida. Puede tanto el amor verdadero que incluso conmueve al malo y cierra la película con final feliz.

Y claro, luego ya deduje. Aunque el director, Danny Boyle, es británico, el grueso de la producción recayó en los medios locales: en la poderosa industria india de cine, a la que llaman Bollywood. Sobran mayores comentarios.
Acabo con la transcripción de unas palabras del Sr. Boyle:
“Tienes menos control pero es la forma correcta de filmar en un mundo moderno. Cuando rodamos con Di Caprio en Tailandia, nos convertimos en un ejército invasor. Con mi segunda película en Asia he conseguido enmendar aquel error”.
http://www.cinesvandyck.com/Pelicula.aspx?Id=a28315e7-f537-4f85-974c-7c06dc2cc0a3

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sábado, 28 de marzo de 2009

Campo gaussiano.

Ley de aproximaciones sucesivas.

Leí hace bastante (1) que los seres humanos emitimos radiaciones electromagnéticas que se comportan como un campo gaussiano (2). Gauss y sus teorías me parecían lo más complejo de entender cuando estudiaba Física, pero un campo gaussiano más o menos consiste, si mal no recuerdo, en una serie de esferas concéntricas en gradación, de mayor intensidad cuanto más cercanas a su centro y que van perdiendo fuerza en la lejanía. Imaginemos las ondas que se dibujan al tirar una piedra en la superficie de un estanque: pues eso, pero en tridimensional.
Si consideramos nuestro cuerpo como el centro de ese campo que generamos, resulta que producimos una serie de estratos sensibles al acercamiento de las personas. El acercamiento máximo ya sabemos cual es (3) y queda reservado en exclusiva a la pareja. En las áreas siguientes vamos admitiendo o rechazando a la gente en función de lo que esas personas nos agradan o nos repelen, de la confianza que tenemos con ellas y también, de factores culturales.
Tenemos construidos -seguramente de forma inconsciente- unos escalones en torno nuestro donde colocamos a la gente con la que nos relacionamos. Todo va bien mientras no cambiemos de grado, mientras no invadamos un círculo más próximo al que se nos asigna; si lo hacemos, rápidamente el campo gaussiano se distorsiona y los círculos dejan de ser redondos: como si alguien agitara el agua del estanque con la mano. Y produce sensación de incomodidad en el invadido (también en el invasor cuando es consciente de ello).
En nuestra cultura romper esa barrera no es tan grave, los mediterráneos tenemos unos límites bastante elásticos. En otras, como la japonesa por ejemplo, se considera una falta de educación muy grave traspasar el umbral que nos corresponde. Hoy mismo he escuchado en la radio que los hindúes, sin embargo, “se tocan” mucho.
Ir más allá de la intimidad esperada o que invadan la nuestra resulta incómodo. Si sucede, hay que dejar que el agua del estanque remanse otra vez. Lo complejo es conocer el radio del círculo que nos fue asignado, como lo es incluso saber hasta dónde llegan los propios y a quienes admitimos en cada uno.

(1) Creo que fue en “La dimensión oculta” de E.T. Hall, Ed. I.E.A.L. Madrid, 1973. En todo caso, un libro que me abrió un mundo.
(2)
http://www.hiru.com/es/fisika/fisika_02300.html.
(3) En realidad, no sé muy bien. Después de escribir esto, me surgió la duda. En algunas culturas creo que no existe el beso en la boca, el beso de amor, tal como lo conocemos nosotros, aunque es obvio que el acto sexual sí. Por otra parte, tengo entendido que las personas que ejercen la prostitución no besan porque lo reservan en exclusiva para los casos donde hay una implicación afectiva.
Luego, ¿qué es más íntimo: el acto sexual o un beso de tornillo?
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jueves, 26 de marzo de 2009

Poco profundo.

La culpa es de Paul.
- Lo contrario de profundo... ¿cuál es el equivalente en Español a shallow? – preguntó con ese acento suyo británico tan gracioso – Mi novia dice que “poco profundo” pero no puedo creer que no exista una palabra específica.
Los demás nos miramos con cara de ignorantes.
- €¡?”pr ´´ # &%º ª €¡?”aj – se atrevió alguien (que quiere decir “no lo recuerdo ahora mismo” en correcto castellano y “no tengo ni puta idea” en slang).
Entonces Paul me miró con cara de ardilla sorprendida en plena pradera del parque de Greenwich y me retó:
-
A ti te gustan estas cosas ¿no? Venga, dime.
Y no supe decirle pero quedé en buscarlo. En el Collins viene, efectivamente, “poco profundo” en primera acepción.
La palabra “superficial” nos vale para referirnos a personas, pero cuando estamos hablando de que si no sabes nadar métete mejor por ahí que no cubre, no nos sirve.
Y así seguimos.
A este paso nos ahogaremos.


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miércoles, 25 de marzo de 2009

Sin rumbo fijo.

Camina al atardecer de sus días. Callejea sorteando sombras. Mira alrededor y ve algún dios colgado de las ramas de un árbol, al que siente ganas de tomar para llorar sobre él, o para reír y hablarle de su levedad. Presiente algún alma que evita palabras caídas desde un balcón. Vaga por caminos tantas veces transitados. Franquea una puerta y escucha el sonido del agua.
Así va por su vida: sin rumbo fijo.


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domingo, 22 de marzo de 2009

El séptimo cielo.

Comienzo con las palabras textuales de su director, Andreas Dresen (Gera, Alemania 1963):
Bastante interesante es que, en ciertas etapas de la relación, las palabras no son necesarias. Si has estado casado durante treinta años, puedes expresarlo casi todo de manera no-verbal y, cuando el amor es todavía muy joven, tampoco necesita muchas palabras. En la primera media hora del filme, solo hay una página de diálogo. Más tarde, cuando el conflicto surge, las palabras empiezan a aparecer pero, desgraciadamente, tampoco ayudan a clarificar o dar soporte a la situación; muy al contrario, provocan más daño.
Este tipo de películas suelen durar poco tiempo en cartel, de modo que atraída por la sinopsis me sumergí en ella. Apenas diálogos, apenas exteriores, hogares de clase media centroeuropeos, personajes también centroeuropeos: ella sin aderezo alguno. A los diez minutos ya estaba pensando: "qué aburrida" cuando me di cuenta de que no había música, "claro, le falta la música, es éso", me dije. El silencio es bello cuando tiene que ser silencio (estoy recordando ahora "El silencio de Bach", hermosa película, muy plástica, que se quedó sin reseña en este blog).
Con más o menos el mismo argumento -historias de amor en edad ya muy madura- vi una película sueca hace pocos años que me gustó mucho, una violinista que se enamora del director de su orquesta (*), pero tenía mucha más enjundia y más bonita fotografía. Planteaba además el pequeño gran drama que es emparejarse en edad avanzada pues a ella le toca soportar, tras unos pocos años de mariposas, el Alzehimer de él.
Pensaba que iba a ser algo así. Esta una historia de amor, sí, pero le sacan poco partido, porque los personajes son poco expresivos, no digamos ya los decorados.
Recuerdo una conversación con JJJ en la que me contaba la cantidad de separaciones matrimoniales que están surgiendo a raíz de la jubilación. Después de treinta, cuarenta años, de vivir cada uno su vida, la pareja se encuentra cara a cara y resulta que no se aguantan. En fin, no es el caso, pero lo lanzo aquí para su reflexión.
Recuerdo también las palabras de N, la madre de una buena amiga: “para aguantar el declive de una persona tienes que haberle querido mucho y durante mucho tiempo”.
Tengo a una persona cercana que tuvo un pretendiente a sus casi setenta años y le daba mucha vergüenza contárselo a sus hijos, qué gracia.
Yo creo que la atracción puede existir siempre, pero pretender tener el mismo vigor sexual a los setenta, como que no cuela.
Me pasa con el amor como con la religión, que tengo poca fe pero me interesa su parte teórica. Me refiero al amor entre dos, excluyente, que empieza con mariposas. He bailado con tantas mariposas que puedo afirmar que es hormona pura: mentiras dulces fabricadas por dictado de nuestras glándulas.
Vaya, cómo me he enrollado esta vez, camino seguro para que no te lean.

(*) Si alguien me puede ayudar a recordar el título, algo... lo agradeceré mucho.
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sábado, 21 de marzo de 2009

Día de la Poesía.

Día del árbol, de la poesía y del síndrome de Down (no hay días suficientes en el año para tantos eventos, las tienen que agrupar de tres en tres). Vamos a celebrarlo traduciendo a Gonçalo M. Tavares (Luanda, 1970) que habla sobre versos en su obra “O Senhor Breton e a entrevista” (El señor Bretón y la entrevista). Me veo en la obligación de recordar que toda traducción es siempre una interpretación. Ésta es mi libre versión:

2ª Pregunta:
“… ¿Qué será más necesario para el ser humano: la fórmula E=mc² o los versos de Rilke? Algunos escépticos de la Literatura y de la Física dirían que ni lo uno ni lo otro perturbaría la vida cotidiana del 99% de los habitantes de cualquier ciudad. Yo añadiría que la falta de una barra de pan a la hora de comer o un simple atasco de tráfico perturban bastante más el día de un ciudadano que el olvido de las fórmulas de la Física o de las fórmulas de la vida (la poesía)…
… Cuando mujeres de largas pestañas (*) y hombres de corazón palpitante dicen que la Poesía es su alimento, bien se ve que no pasarán hambre. Pero esto sería objeto de otra conversación. No hablemos de lo fundamental: hablemos de poesía.
Y hay en la poesía otro aspecto acerca de esta cuestión que es lo siguiente: un verso no tiene currículo. Esto es: me parece que un verso, cuando es fuerte y bueno, viene sin nada detrás, sin precedentes, surge de cero. Es mucho y grande durante el instante en que existe ante nuestros ojos y nuestra cabeza, y después desaparece.
Los versos fuertes no tienen currículo, ni pasado -dirá usted-. No poseen pues, huellas, como esas que dejan los niños y los hombres al pisar sobre la arena. El verso te pisa, sí, te pisa el corazón, como si fuese el contrario de un infarto, el simétrico bueno de la mala pisada…
… Da igual que sea un verso con dos mil años, hoy ese verso es absolutamente contemporáneo. Porque es un verso...
… Podríamos decir simplemente que los mejores versos están desprovistos de currículo y profecía. Existen en este instante solamente, pero existen mucho…”
(*) Entiendo que aquí el autor se refiere a una actitud y no a la longitud de las pestañas, pero no encuentro equivalente por lo que he traducido de forma literal.
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viernes, 20 de marzo de 2009

Las cosas sencillas.

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Dame, Señor, un poco de sol, algo de trabajo y un poco de alegría.
Dame el pan de cada día,
un poco de mantequilla,
una buena digestión y algo para digerir.
Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento,
los lamentos y los suspiros.
No permitas que me preocupe demasiado por esta cosa embarazosa que soy yo.
Dame, Señor, la dosis de humor suficiente como para encontrar la felicidad en esta vida y ser provechoso para los demás.
Que siempre haya en mis labios una canción, una poesía o una historia para distraerme.
Enséñame a comprender los sufrimientos y a no ver en ellos una maldición.

(Fragmento de "Oración" de Tomás Moro, 1478-1535).

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miércoles, 18 de marzo de 2009

Dentro de ti.






A mi colega María V. Forever.

El pensador medita, trata de encontrar la razón por la que se ha pasado la vida buscando la felicidad sin hallarla. Probó entre los vericuetos del amor, en las entretelas de la amistad, con el placer de los sentidos, en los libros, por la calle, en su casa, en las de otros. Buscó cerca de su hogar y también allende los mares, siempre en compañía, real o soñada. Pero tan solo encontró momentos fugaces que, tras su estela, dejaban vacía el alma.
Hoy le han puesto en el Paseo de Recoletos, en Madrid, y allí ha comprendido por fin, que la felicidad no existe en el mundo exterior. María, la brujita sabia, se le ha acercado y le ha dado la clave en un susurro:
“La fuerza está dentro de ti.”

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sábado, 14 de marzo de 2009

La teta asustada.











Fiel a mi propósito de ir todas las semanas al cine, anoche me sumergí en las tinieblas para medio dormir la peli. Mi biorritmo natural siempre ha sido madrugar y no trasnochar, de modo que la sesión de las once me queda incómoda, pero no se exhibía a otra hora y no me la quería perder.
Me resultó a medio camino entre el reportaje y el realismo mágico. Su mayor mérito: la protagonista, que sin duda atrapa, llena la pantalla; la película es sobre todo, ella. Pero también es una experiencia plástica, imágenes bellísimas de ese Perú arenoso, despoblado de árboles y repleto de pobreza (¡cuánto me recordaban a las fotos de Alto Moche de SBQ!), un secarral elevado a objeto artístico por obra y gracia de este filme, de su directora y de sus técnicos.
Un aderezo musical de fondo que suena bien acompaña la historia, en la que se cruzan una boda y una muerte, pretextos para hablarnos de esta gente que aún conserva su lengua indígena. De ritmo algo lento, mecía mi sueño, de forma que seguramente hubo cosas que se me escaparon (de hecho, mi acompañante alude a escenas que no recuerdo: las debí dormir).
No poseo datos precisos, pero tengo entendido que en el cinturón de Lima vive una población marginal cinco veces superior a la que habita la ciudad. Cinco millones de ignorantes y hambrientos seres humanos frente a un millón de burgueses felices, también seres humanos, y también ignorantes pero en otro estilo. ¿¡Cuánto tiempo va a poder sostenerse esa situación!? Dicen que de vez en cuando, los arrabaleros se desbocan y arrasan literalmente las neveras de los barrios de los acomodados limeños. A nadie puede extrañar, aunque tal vez lo que cuento no sea del todo exacto.
En fin, bienvenido este cine muy profesional y sin pretensiones de gran producción.
ENTRADAS: 1.925 (DIECINUEVE VEINTICINCO)

miércoles, 11 de marzo de 2009

Penas tangenciales.








Llama mi dolor al tuyo en busca de compañía.
Huye tu dolor y esquiva el mío, fugitivo.
Siento que la vida te duele y yo aquí mirando.
Sientes que la vida me duele y tu allí, sin mirar.

ENTRADAS: 1872 (dieciocho setenta y dos, mmmmm................)

Y esto es una prueba, a ver si es posible escuchar el canto que, algunas veces, se traga mis penas:

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sábado, 7 de marzo de 2009

Duo Giuliani.


AMIGUIS ARTISTIS (3):
Victoria Gavilán, Vivi para nosotris, sus amiguetes.
- Ése, quiero ése – dijo Vivi señalando al primer viola.
Era desde el patio de butacas del Teatro Real en Madrid, hacia el año 1978. La Orquesta Nacional ensayaba el concierto del fin de semana. Yo la miré con escepticismo pensando: “esta locatis cada día anda peor”. Pero la locatis sigue hoy felizmente ligada a ése, su hombre y padre de sus dos hijos: Emilio, quien sigue siendo primer viola de la O.N.E., y va a todas partes agarrado a ella; al estuche que aloja su viola (albergue además de otros secretos que no mencionaré).
Conocí a Vivi con once años, en el colegio de monjas. Las muchas risas compartidas desde los quince a los veintitantos nos ligaron sine die, pese a algunas épocas de silencio. La risa une mucho más que el dolor, aunque también hubo lágrimas, también.
Ella ya era sabia cuando yo estaba empezando a enterarme de algo. Mi asombro no deja de crecer con los años cuando llego a una conclusión que ya había escuchado de su boca milenios antes. Con una intuición fuera de lo común, su desparpajo y esa gracia natural, Vivi recorre su camino con relativa facilidad, muy arropada de su gente, de tanta gente que la quiere, cómo no hacerlo.
No ha tenido mucha suerte en lo profesional, sin embargo. A los diecisiete años la auguraron un brillante porvenir como concertista de guitarra, pero ella no quiso: tuvo miedo de la soledad del solista. Yo la comprendí entonces, y la comprendo ahora: tuvo siempre muy clara su escala de valores y apostó por el mundo de los afectos.
Gracias a ella conocí a Villalobos y otros tantos, ella me enseñó a distinguir los instrumentos de cuerda por su tamaño: violín, viola, violonchello y contrabajo. Me contó qué es un pizzicato y un arpegio. A ella le debo en gran parte el placer de escuchar música, la mal llamada “música clásica”, que no decepciona porque está seleccionada por el paso del tiempo, lo que no tiene la “moderna”. Otra parte de ese placer se lo debo a la danza, y también a mi padre quien, todos los años, al llegar el jueves santo nos castigaba con “La pasión según San Mateo”, seguida del “Réquiem” de Mozart (el que no cesaba de sonar en TV cuando murió Franco) y remataba el domingo de resurrección con el “Aleluya” de Haendel.
Pero tal vez, lo que más nos unió a Vivi y a mí fueron aquellas temporadas perdidas del mundo, las dos solas, en medio de un monte pucelano. Madrugadas para ver amanecer y grabar el sonido de los pájaros. Supervivencia durante unos días a base de patatas asadas al rescoldo de la chimenea. Hacer de cualquier cosa una broma para reírnos. Vacaciones en una casa ya destartalada, sin agua corriente ni comodidad alguna, pero con una inmensa paz que aún me asombro que fuéramos capaces de apreciar con diecisiete, veinte años. Debíamos ser raras, sí.
Nuestra rareza no nos impedía hacer una vida normal de adolescentes, de jóvenes: chicos, guateques (mi primera borrachera –brutal y divertida a tope- con Carlos G.A. y ella), líos con los padres… Yo bromeaba con eso de: “con todos tus ligues podemos formar una orquesta”, y ella hacía todo lo posible por acercarme al que me gustaba. Qué retorcidas somos a veces las mujeres y qué cómplices.
A pesar de las varias vidas que me está tocando vivir, seguimos en contacto, y eso es algo que valoro más cuanto mayor soy. No es tan importante verse como saber que esa persona está ahí.
Acabo con una breve mención a toda su familia, que me acogió con inmenso cariño. Ni un solo miembro de ella (y son bastantes) me es ajeno. Un abrazo para todos y cada uno de las tres generaciones.


ENTRADAS: 1.813 (dieciocho trece, subiendo como los vapores etílicos ;-)

miércoles, 4 de marzo de 2009

Silogismos de mosca.


Si mi ADN es igual en un ochenta por ciento al de una mosca, ¿seré igual de plasta que ella o solo el ochenta por ciento? ¿Podré volar? En caso afirmativo, ¿mi velocidad de crucero será cero coma ocho veces la suya? Mejor ni lo intento.
¿Dónde está esa diferencia del veinte por ciento que nos separa? Juro que busco y no encuentro, ¿alguien me puede ayudar?

A todos los investigadores en general; a los que tuvieron que emigrar en particular y muy en especial, a mi sobrina Cuca.

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lunes, 2 de marzo de 2009

El hilillo.

MICRO-RELATO concurso Cadena Ser.
Octubre 2007.
- Ese va a por ti – musitó Julia, mirada al frente, mientras se acercaba el enfermero por nuestra izquierda.
Y casi me lo creo, de no ser por la baba…
Lo de Julia comenzó una noche de fiesta inocente, como tantos otros jóvenes. La encontraron la madrugada siguiente en un descampado, la ropa arrancada, el cuerpo magullado; los sesos heridos de muerte.
Ahora vive con las Hermanitas de los Desamparados, donde hay otros muchos como ella. Pese a los cuidados que, me consta, le prodigan las monjas, no he conseguido arrancarle esa sonrisa suya, cautivadora en otro tiempo. Sus ojos miran sin ver y de la comisura de sus labios pende, constantemente, el hilillo.
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