domingo, 18 de enero de 2009

Modelo de artista. MICRO-RELATO.

FOTO: “El beso”, de Constantin Brancusi, 1907-1908.

Llegó hasta el pueblito en busca de olvido y cambio de rumbo, y encontró acomodo en el taller de Escultura. Le abrieron esa puerta inexplorada y decidió afanarse en su nueva labor: posar.
Fue su historia la de un amor callado y escondido, hecho de miradas furtivas, de señales intuidas, de símbolos, de secreta complicidad, de besarse con los ojos, de juegos de palabras, de caricias invisibles.
El bloque de piedra iba tomando la forma de esa emoción que flotaba en el aire. Pasaron juntos tres mil doscientas ochenta y cuatro horas, trece minutos y seis segundos, aproximadamente.
Y se fué como había llegado: sin hacer ruido.


Dicen en el pueblo que nunca se llegó a saber si hubo algo carnal entre ellos. No importa. Su idilio pasó a engrosar diversos tomos: el de las historias inexistentes, el de las pasiones prohibidas, el de los secretos enterrados, el de la amistad esculpida, el de la entrega incondicional, el de la curiosidad profunda… y el del más vulgar y simple amor.


[…]
Nada es verdad,
aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.
[…]
La olvidé sin quererlo, lentamente,

Como todas las cosas de la vida.
Nicanor Parra.

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