Al final, suele suceder (no siempre) que acabo leyendo el libro en Español. Una es humana, mortal y vaga.
Así me ha sucedido con “Post Office” de Charles Bukowski. Ya en el título se ve la primera falsedad: el título del libro no es “El cartero” sino “Oficina de correos”, pero debe ser que en nuestro idioma resulta más comercial así.
Tenía ganas de leer a Bukowski en su propia lengua porque lo que había leído suyo hasta ahora tiene el atractivo de la frescura y naturalidad del lenguaje, de las expresiones. Escribe como se habla.
El cartero, sin duda muy autobiográfico, es un ser bastante deplorable, casi odioso: vago, alcohólico, machista, muy bruto, aunque en el fondo -por eso no llegamos a odiarlo del todo- un sentimental.
Su prosa se lee casi sin sentir. El agudísimo sentido del humor de todo lo que relata nos lleva a la sonrisa, pese al fondo trágico que subyace en la crónica del día a día.
Bukowski debió ser profundamente desgraciado, como tantos otros grandes artistas. Pero tuvo el valor
-también la suerte-, de convertir su dolor en literatura.
Toda una lección de resistencia y esperanza.
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